Hace años que en las películas y series de ciencia ficción vemos pantallas enrollables ultrafinas y ultrafuturistas en las que sus protagonistas consultan datos, visualizan vídeos y hasta obtienen información detallada y actualizada al instante del funcionamiento interno de su cuerpo. En la vida real, empero, este tipo de dispositivos están muy lejos de comercializarse. ¿O quizá no?
Samsung ha presentado esta semana un prototipo de pantalla AMOLED de 4,5 pulgadas extremadamente fina que puede trabajar a una resolución de 840×480 píxeles, reproduce vídeos sin aparentes problemas y quienes la han visto en funcionamiento afirman que presenta una calidad de imagen más que respetable.
Pero lo que más destaca de la misma es una característica adicional poco común: se puede doblar. Y mucho además. Más de lo que yo había visto nunca en un dispositivo similar. Ello es posible, entre otras cosas, gracias a que tiene un grosor de apenas 0,3 mm. Puesta de costado, apenas si se la ve.

De entrada, y para mostrar al respetable sus posibilidades, la compañía surcoreana ha integrado la pantalla en un reproductor multimedia portátil súperfino dotado de un diseño rompedor que, en apariencia, es completamente funcional. Es éste:

Veremos si acaba llegando al mercado en un periodo de tiempo prudencial o se queda en una promesa más de las muchas que hemos visto, leído y escuchado hacer a las compañías tecnológicas en los últimos años.
Los anuncios de productos para la limpieza doméstica no suelen destacar precisamente por su originalidad, sino más bien por sus mensajes simplistas, mil y una veces repetidos, que toman al espectador directamente como bobo. Pero incluso en un sector publicitario tan prescindible como éste, de vez en cuando aparecen pequeñas joyas. Tal es el caso de este magnífico espot inspirado en las películas Toy Story y Origen que se ha sacado de la manga LG para promocionar su aspiradora Kompressor Elite:
Lanzada el 22 de septiembre de 2006 desde el Centro Espacial de Uchinoura, Hinode («amanecer» en japonés) es una sonda de la agencia aeroespacial japonesa que incorpora, entre otros instrumentos, un telescopio óptico, otro de rayos X y un espectrómetro ultravioleta y que tiene como misión el estudio del Sol.
Si hoy os hablo de ella es porque la JAXA ha elaborado un vídeo del eclipse solar de este martes a partir de las imágenes que captó Hinode en el que podemos contemplar este fenómeno desde una perspectiva completamente diferente a la habitual. Desde el espacio:
Contemplar una fría mañana de invierno, mientras te tomas los cereales, cómo una enorme mamá alce, acompañada de sus 2 retoños, se pasea tranquilamente por el patio de tu casa en busca de frutos con los que alimentar a su prole debe ser una experiencia digna de ser vivida.
Casi tanto como tener la fortuna de capturar con tu cámara de fotos unos minutos más tarde el preciso instante en que el animal, al atravesar la calle que hay al lado de la ventana en la que te encuentras, realiza un impresionante salto para evitar ser atropellado por un coche que circulaba por la vía.
Y eso, precisamente eso, es lo que le ha sucedido esta semana a Tove Sjöholm, un adolescente de 16 años que reside junto a su familia en el pequeño pueblo de Rolfstorp, situado en el suroeste de Suecia. La imagen que ha tenido la suerte de echar es de esas que se consiguen una vez en la vida.
Existen estudios sobre los hábitos de uso de Internet a nivel global que demuestran que, desde hace varios años, las redes P2P están perdiendo importancia en favor de los sitios de descarga directa. Cientos de miles, puede que incluso millones de usuarios, disponen de suscripciones premium en páginas como Megaupload, Rapidshare, Fileserve, Gigasize, Depositfiles, Netload o Hotfile que les permiten bajarse toda clase de contenidos sin apenas restricciones y a velocidades de vértigo. Muchos más utilizan las versiones gratuitas de estos servicios, que aun con algunas limitaciones, son igualmente funcionales.
Descargarse una película en alta definición, si se dispone de una buena conexión, es cuestión de horas; lo mismo sucede con cualquier videojuego; un disco baja en mucho menos. Esta realidad es de sobra conocida por los estudios de cine, discográficas y desarrolladoras y distribuidoras de videojuegos, que se han embarcado en una lucha sin cuartel para tratar de poner coto a la distribución no autorizada de sus contenidos que se lleva a cabo en estos sitios y por la que, ni que decir tiene, no obtienen ni un céntimo a cambio.
Una contienda que no les va a resultar nada fácil de ganar. Sin ir más lejos, el Tribunal Superior de Justicia de Düsseldorf desestimó ayer la demanda que Atari había presentado contra Rapidshare por no implementar las medidas oportunas para evitar la distribución del título Alone in the Dark desde sus servidores. Esta resolución anula además una sentencia anterior emitida desde una corte de rango inferior que había dado la razón a la empresa de videojuegos y que el portal de descargas había recurrido.
Atari consideraba que Rapishare debía hacerse responsable de las acciones que habían llevado a cabo sus usuarios y, por tanto, quería recibir una compensación económica a tal efecto. La estrategia es similar a la que tomaron hace unos años Viacom y los clubes de fútbol de la Premier League contra YouTube al considerar que no hacía lo posible por eliminar los vídeos de la MTV y los resúmenos de los partidos de la liga inglesa que subían sus usuarios.
Rapidshare ha ganado esta batalla, pero no la guerra. La Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI por sus siglas en inglés) ha reconocido públicamente que tiene a este y otros servicios similares en su punto de mira. Lo mismo han hecho las productoras de cine y el sector del videojuego. Habrá más demandas, en más países y de mayor calado. El resultado final de los procesos judiciales por venir es incierto, pero de momento Rapidshare permanece a salvo.
El lanzamiento pasó prácticamente desapercibido, pero el pasado 16 de diciembre Google estrenó un portal destinado a los usuarios de su navegador desde el que se pueden descargar e instalar aplicaciones web, ya sean de pago o gratuitas, con sólo un par de clics: me estoy refiriendo a la Chrome Web Store.
La idea, a priori, parece muy interesante, y no sólo para los usuarios de Chrome, sino también para los desarrolladores, que tienen un sitio desde el que pueden llegar a una gran masa de internautas y ganar dinero con las extensiones que implementan, si es que no las ofrecen gratuitamente, claro está. Además, la página ofrece un sistema unificado de pago, Google Checkout, la alternativa que el buscador creó a mediados del 2006 para competir con PayPal.
Los resultados, en cambio, no están siendo los esperados. Si alguien pensaba ganarse la vida creando extensiones de pago y vendiéndolas en la Chrome Web Store, difícil lo tiene. Al menos de momento. De todas las aplicaciones puramente de pago que he estado revisando, la que he visto que contabiliza más descargas es Real Solitaire, con sólo 45 a la semana.
Teniendo en cuenta que cuesta 1,99 dólares, quiere decir que sus desarrolladores se llevan unos 360 dólares al mes, a lo que hay que descontar el pellizquito que se queda Google. Y estos son los que a priori ganan más (repito, de los que he encontrado). Otras extensiones como Dreams 2 o Toddler Jukebox suman, respectivamente, 9 y 8 descargas a la semana. No da como para retirarse.
Apple ha demostrado con la AppStore que se puede ganar mucho dinero poniendo en marcha una tienda en la que tus usuarios puedan encontrar fácilmente una gran variedad de programas a precios razonables. Falta por saber si este modelo es exportable más allá de las plataformas móviles e incluso, diría más, fuera del entorno de la manzana.
A raíz del eclipse solar parcial que se pudo contemplar ayer en Europa, norte de África y Asia Occidental, Internet se ha poblado en un santiamén de miles y miles de fotografías que reflejan los instantes en que la Luna ocultó en parte al astro rey. Aunque muchas son verdaderamente espléndidas, si tuviera que quedarme sólo con una de todas las que he visto, me decantaría sin lugar a dudas por la que tenéis bajo estas líneas:
Fue tomada en Mascate, capital del sultanato de Omán, por el fotógrafo Thierry Legault, que consiguió captar en una sola imagen al Sol, situado a 150 millones de kilómetros de distancia, a la Luna, que se encuentra a unos 400.000 kilómetros, y a la Estación Espacial Internacional, que en aquel preciso momento pasaba por ese punto del firmamento a «sólo» 500 kilómetros de la mirilla de su cámara.
Cuando el 26 de mayo del año pasado los medios de comunicación internacionales dieron a conocer que Apple acababa de superar a Microsoft en capitalización bursátil, recuerdo que un amigo me preguntó qué pensaba al respecto y le contesté que a no mucho tardar las cosas volverían a la normalidad (o lo que yo pensaba que era normal) y el gigante de Redmond superaría de nuevo a la compañía de la manzana.
Medio año después, la realidad pura y dura es que los títulos de Apple no sólo no han bajado, sino que han continuado subiendo a un ritmo frenético, a la par que lo han hecho las ventas de iPhones, MacBooks, iMacs, iPods, aplicaciones descargadas en la AppStore y canciones y álbumes comprados en iTunes. Y qué decir del iPad, cuyo lanzamiento ha desbordado las expectativas más optimistas que habían realizado los analistas del sector hasta el punto de haberse convertido en el dispositivo más deseado del momento.
Entre una cosa y otra, el valor en bolsa de Apple ha pasado de los 237.000 millones de dólares que atesoraba en mayo a unos increíbles 303.890 millones que suma en el preciso momento en que escribo este artículo. Una cifra alucinante que la convierte en la segunda empresa por capitalización bursátil del mundo, sólo superada por la todopoderosa Exxon Mobil, que año a año, suba o baje la demanda de crudo, bate récords históricos de beneficios.
Para que os hagáis una idea de lo que suponen estos números, Microsoft vale hoy en el parqué 63.000 millones menos que Apple; Google 110.000 mllones menos; Coca-Cola, la mitad; Toyota, un tercio; McDonald’s 3,5 veces menos; Honda y Walt Disney Company una cuarta parte. Tremendo. Como futurólogo no tengo precio.