Tres programadores llamados Aram Bartholl, Evan Roth y Tobias Leingruber han creado una extensión para Firefox llamada China Channel que, una vez instalada, nos permite navegar a través de una IP china, de tal manera que cuando intentemos entrar a cualquiera de las múltiples webs censuradas por la dictadura asiática nos encontraremos con un bonito cartel en el que se nos informa que no podemos acceder a dicha página.
Utilizar esta extensión es muy sencillo, ya que en cuanto la descargamos e instalamos aparece un nuevo menú bajo la barra de direcciones en el que basta con que seleccionemos la opción ‘CHINA CHANNEL’ y hagamos click sobre al botón ‘GO’ para activar el plugin.
Cuando completemos este paso, empezaremos a navegar a través de un proxy situado en China y, por tanto, sufriremos las mismas restricciones que los ciudadanos del país más poblado del planeta.
Así por ejemplo, si vamos a Google, buscamos ‘Tiananmen 1989’ o ‘Free Tibet’ y hacemos click sobre los primeros enlaces que aparecen, veremos cómo Firefox nos informa de que no podemos conectar con el servidor en cuestión. Lo mismo sucederá si tratamos de entrar en la página de la Wikipedia o en cualquier otro sitio censurado por la oligarquía china.

En este vídeo que paso a mostraros (en inglés) se explica con más detalle cómo funciona esta extensión:
El primer logotipo que lució Google fue diseñado de manera totalmente amateur por Sergey Brin, quien utilizó para tal tarea el hoy de sobras conocido software de edición de imágenes GIMP. Tal y como podéis ver en la imagen superior, incorporaba un signo de exclamación que recordaba al emblema del portal más famoso de aquellos días, Yahoo.
No fue hasta 1999, cuando Larry Page y Sergey Brin decidieron que había llegado el momento de cambiar el logotipo del buscador por otro más profesional, más trabajado y más atractivo visualmente. A tal efecto, contactaron con Ruth Kedar, una diseñadora gráfica nacida en Brasil pero criada en Israel que ejercía de profesora asistente en la Universidad de Stanford, y le encargaron la creación de una serie de prototipos, entre los que ellos eligirían el que más les gustara.
Ruth Kedar se puso manos a la obra y fue creando, una tras otra, hasta 8 variantes diferentes, comenzando por una primera realizada en tonos oscuros hasta llegar al diseño actual que todos conocemos. Estos fueron los logos que creó:
Primer diseño:

Segundo diseño:

Tercer diseño:

Cuarto diseño:

Quinto diseño:

Sexto diseño:

Séptimo diseño:

Octavo diseño:

No hace falta que os diga cuál fue el diseño que escogieron finalmente Larry Page y Sergey Brin, ¿no es así? 🙂
En Wired hay un especial sobre este tema altamente recomendable en el que Ruth Kedar explica los motivos que la llevaron a crear cada uno de estos logos y disecciona las peculiaridades que esconden todos ellos.
Los primeros astronautas que vayan a Marte deberán estar preparados para quedarse allí el resto de sus vidas, de la misma manera que hicieron la mayoría de europeos que colonizaron América. Así se ha expresado Buzz Aldrin, el segundo ser humano que puso un pie en la Luna, en una entrevista concedida en el transcurso de una visita que ha realizado a París.
El astronauta norteamericano, que cuenta ya con 78 años, ha señalado que, dadas las grandes reservas de agua congelada y las similitudes que tiene este planeta respecto a la Tierra, para un ser humano debería presentar menos dificultades subsistir en Marte que en la Luna.
Así por ejemplo, un día solar en Marte dura casi lo mismo que en la Tierra (24 horas 39 minutos y 35 segundos), tiene unas estaciones muy parecidas, si bien se alargan casi el doble ya que el año marciano es de 1,88 años en la Tierra y, dado que la presión parcial de CO2 en su superficie es 52 veces mayor que en la Tierra, se deberían poder cultivar plantas.
Eso sí, existen también una serie de inconvenientes que deberán ser resueltos antes de llevar a nadie allí: para empezar, la gravedad es de tan sólo la tercera parte que aquí, las temperaturas son mucho más bajas, la atmósfera está compuesta principalmente de dióxido de carbono y la presión atmosférica en Marte es demasiado baja para que los humanos sobrevivan sin equipos de presión.
La NASA y la Agencia Espacial Europea trabajan con la mente puesta en enviar una primera misión tripulada a Marte entre el 2030 y el 2040, en un viaje que se alargaría durante al menos un año y medio. Para llevar a cabo tal aventura serían necesarios media docena de astronautas, aunque Aldrin considera que deberían ir acompañados de otras 20 personas, junto a las que establecerían una primera colonia en la que, probablemente, se quedarían para siempre.
Con la que ha caído en los últimos tiempos, sinceramente creía que las discográficas, los estudios de Hollywood y las empresas que se dedican a comercializar sus contenidos en formato digital, con Microsoft a la cabeza, habían comprendido que el DRM no tenía ningún futuro. Craso error.
Por más palos que reciban, por más veces que los usuarios dejen muy clarito que no quieren padecer restricción alguna cuando compran una canción o una película, los hay que no se enteran. Es el caso de Marlin, una empresa que ha salido esta semana a la palestra para anunciar que ha encontrado la solución definitiva para el DRM: ¡un DRM de código libre! (?!?!?!)
Así es. Talal Shamoon, presidente de esta compañía, ha manifestado que han creado un sistema basado en software libre que permite «proteger y compartir» los contenidos en nuestra casa siempre y cuando lo hagamos entre productos que tengan instalado su sistema de DRM. Al parecer faltó a clase el día que explicaron que la gente no odia esta tecnología porque sea cerrada, sino porque limita el uso que podemos darle a los contenidos que adquirimos.
Es más, este individuo asegura que conoce por qué el DRM ha sido un fracaso hasta ahora: «Porque se ha implementado mal. Si se hubiera hecho invisible a ojos de los consumidores, estos lo habrían utilizado» (sin saberlo, añado yo). O sea, que su filosofía está más clara que el agua.
El modelo de negocio que propone Marlin es muy similar al de cualquier otro DRM que se haya planteado hasta la fecha: un sistema de licencias que otorgan la posibilidad a quienes las adquieren de reproducir una serie de contenidos durante un tiempo determinado. Pasado ese periodo, es necesario volver a pagar si se quieren seguir escuchando las canciones o viendo las películas y series compradas.
Con unas declaraciones tan surrealistas se podría pensar que estamos ante un personaje singular que no llegará a ninguna parte. Pues… por lo pronto Shamoon ha hecho público que ha cerrado acuerdos con Sony y Samsung para que estas compañías incluyan la tecnología de Marlin en algunos de los equipos que comercialicen próximamente.
Lo mío no es la futurología, pero me da a mí que Marlin, Sony, Samsung y el resto de empresas que implementen esta tecnología en sus equipos se van a pegar un batacazo de proporciones considerables. No será el primero. Ni el último como sigan tratando de cohartar los derechos de los consumidores con absurdas restricciones.
El 25 de octubre, Microsoft Word, uno de los programas más conocidos del mundillo de la informática, cumplirá un cuarto de siglo. Mucho tiempo ha transcurrido desde que fuera concebido, así que creo que es el momento idóneo para repasar cuáles fueron sus orígenes y cómo se las ingenió Bill Gates para comercializar bajo la marca Microsoft el procesador de textos por excelencia. Comencemos:
En 1974 Charles Simonyi y Butler Lampson desarrollaron en el Xerox Palo Alto Research Center un procesador de texto desconocido hoy en día pero que ha pasado a la historia al ser el primer programa de este tipo que utilizó una interfaz de usuario tipo WYSIWYG (‘what you see is what you get’). ¿Su nombre? Bravo.
Fue programado para la Xerox Alto, una computadora totalmente revolucionaria para la época que destacó por ser la primera en contar con una interfaz de usuario gráfica (GUI) y por incorporar un ratón. Se fabricaron 2.000 unidades que se distribuyeron por universidades y centros de investigación estadounidenses pero, a pesar de sus avanzadas características técnicas, nunca se llegó a comercializar.
En 1981, un tal Bill Gates contrató a Charles Simonyi para una empresa por aquél entonces semidesconocida llamada Microsoft y un par de años después le encargó la creación de una serie de programas que permitieran trabajar a los usuarios de los ordenadores de la época con bases de datos, hojas de cálculo y textos.
Ante tal tesitura, Simonyi reclutó a Richard Brodie, un antiguo empleado de Xerox, y le encomendó que, a partir de las ideas y conceptos que habían plasmado casi una década atrás en Bravo, se encargara de las labores de programación y picara código hasta conseguir las aplicaciones que le había encargado el bueno de Gates.
Dicho y hecho. Brodie se puso a trabajar en este proyecto el 1 de febrero de 1983. Apenas 8 meses después, finalizó el desarrollo de un programa al que bautizó como Multi-Tool Word. El nombre pareció demasiado complicado en las oficinas de la compañía de Seattle y decidieron llamarlo simplemente Microsoft Word.
El día 25 de ese mismo mes de octubre se puso a la venta. Había nacido Microsoft Word, el producto más conocido de la multinacional estadounidense junto con la saga de sistemas operativos Windows. Fue el primer procesador de texto en incorporar fuentes en cursiva o textos en negrita pero aún así sus comienzos no fueron nada espectaculares.
Aunque hoy en día este programa es un súper ventas, un cuarto de siglo atrás su popularidad no tenía nada que ver con la actual y los consumidores preferían otras opciones hoy prácticamente olvidadas como WordPerfect. No fue hasta 1985, cuando Jeffery Harbers, a petición expresa de Gates, lideró un equipo que se encargó de llevar Word a Macintosh que este programa se convirtió en un éxito. Hoy puede sorprender, pero durante 4 años la versión más vendida fue la de Mac y no la de MS-DOS.
Hubo que esperar hasta 1989 para ver la primera versión de Word para Windows. Su interfaz de usuario se fundamentó en los desarrollos que se habían venido creando para los ordenadores de Apple en esos años y su precio de venta, atención, se fijó en 500 dólares de la época.

Con la llegada primero de Windows 3.0 y posteriormente de Windows 95, NT, 98, ME, 2000, XP, 2003 Server y Vista el dominio en los escritorios de Word, ya formando parte de la suite ofimática Office, se ha ido acrecentando hasta convertirse en poco menos que un estándar para millones de personas en todo el mundo.
Por cierto, si os ha interesado este artículo os aconsejo que le echéis un vistazo a Evolución gráfica de Microsoft Word (1989-2007), una entrada que publiqué unos meses atrás y en la que incluí capturas de pantallas de todas -o casi todas- las versiones de este programa que se han comercializado en los últimos 20 años.
De la misma manera que Google AdSense contextualiza los anuncios que muestra a partir del contenido de las páginas webs en las están ubicados, la empresa de transportes norteamericana Titan Worldwide ha decidido sacar mayor partido a la publicidad incluida en los autobuses y metros de Nueva York modificando los anuncios en función del barrio por el que circulan los convoyes.
Un GPS incluido en cada uno de los autobuses y metros permitirá saber en todo momento por qué zona están circulando estos, de tal manera que si se encuentran en un vecindario de clase alta se podrá optar por emitir un tipo de publicidad muy diferente a la que aparecería en caso de estar en una zona habitada por personas con un menor poder adquisitivo.
La Autoridad Metropolitana del Transporte de la ciudad de los rascacielos ya está testeando este tipo de tecnología en los laterales de algunos autobuses que cubren las líneas de Manhattan, donde han comenzado a ofrecer anuncios similares a los que se pueden ver actualmente en televisión.
Si las pruebas salen bien, se espera que a lo largo del primer trimestre del año que viene unos 200 autobuses empiecen a incluir este tipo de publicidad teóricamente más ajustada al perfil del ciudadano que la verá.
Con un diseño que se sitúa a mitad de camino entre un módulo lunar y las naves de la serie V, la Walking House es un habitáculo modular móvil de 3,5 metros de altura, otros 3,5 metros de anchura y 3,72 metros de longitud que ha concebido el estudio danés N55 y que sorprende tanto por sus formas como por algunas de sus características principales.
Para empezar, la vivienda dispone de 6 extremidades con las que se puede desplazar a una velocidad máxima de 60 metros por hora. La energía necesaria para llevar a cabo estos trayectos se extrae unas placas solares situadas en la parte superior de la morada y de unos pequeños molinillos de viento.
Otra de las curiosidades que presenta la Walking House, cuyo diseño está basado en los carruajes que utilizaban los romaníes en el siglo XVIII, es que se pueden agrupar varios habitáculos los unos con los otros hasta formar estructuras que se asemejan a las colmenas de las abejas.

Mucho me temo que, más allá de la curiosidad comprensible por este tipo de proyectos, no seréis muchos -por no decir ninguno- los lectores de Abadía interesados en haceros con una de estas Walking House, pero por si acaso allá va el precio: 51.000 dólares de nada 
Contrariamente a lo que mucha gente todavía cree, la Gran Muralla China no se puede ver desde la Luna. En cambio, lo que sí se pudo ver el pasado 1 de agosto desde el extremo oeste de esta mastodóntica construcción fue un eclipse total de Sol en el que nuestro satélite bloqueó completamente los rayos del astro rey, quedando visible únicamente la corona externa.
Esta fotografía, tomada por Mike Simmons, forma parte del repositorio público que la NASA mantiene en un apartado de su sitio web llamado Astronomy Picture of the Day. Podéis verla a una resolución de 1280×853 píxeles siguiendo este enlace.