Su voluminosa cabeza, el inconfundible color blanco que adoptan los ejemplares adultos y su carácter sociable han convertido a las belugas en uno de los mamíferos marinos más conocidos por el gran público, sobre todo entre los más pequeños.
Con un tamaño que puede llegar a superar los 5,5 metros y los 1.600 kg en los machos de mayor edad, es el cetáceo que tiene un porcentaje más alto de grasa en su cuerpo. En la actualidad se calcula que la población mundial de belugas está compuesta por unos 150.000 ejemplares, la mayoría de los cuales se encuentran en el Ártico y en las regiones adyacentes de América del Norte, Rusia y Groenlandia.
La naturaleza curiosa y juguetona de esta especie, unida al hecho de que normalmente viajan en grupos que en ocasiones, durante el verano, pueden reunir a cientos e incluso miles de individuos propicia que los avistamientos sean habituales y que incluso se den casos como el del siguiente vídeo en el que algunos ejemplares se acercan a unos kayacs en el Parque Nacional St. Lawrence Islands, sito en Canadá, para inspeccionarlos de cerca e interactuar tranquilamente con sus ocupantes:
Desde que el 12 de abril de 1961 el cosmonauta soviético Yuri Gagarin se convirtiera en el primer ser humano en viajar al espacio, un total de 528 personas de 38 nacionalidades distintas han tenido el privilegio de hacer realidad el sueño que la humanidad ha perseguido incansablemente durante siglos y han podido vivir, siquiera unos minutos, algo más cerca de las estrellas.
Una vez a decenas o centenares de kilómetros de distancia de la Tierra, todos ellos, del primero al último, han debido hacer frente a las especiales condiciones que genera la microgravedad. Uno de los efectos más llamativos es que los cuerpos de los astronautas experimentan un repentino crecimiento que, en algunos casos, llega a ser de hasta 5 centímetros.
Ello es debido a que la práctica ausencia de gravedad posibilita que la columna vertebral se estire ligeramente. Como consecuencia, la altura aumenta. Lo hace, eso sí, de manera temporal, ya que una vez regresan a casa la gravedad vuelve a poner las cosas en su sitio y rápidamente recuperan sus proporciones habituales.
Este curioso fenómeno obliga a que los trajes presurizados sean lo suficientemente grandes como para dar cabida a estos estirones transitorios que sufren los astronautas. Lo mismo sucede con los asientos de las aeronaves, que deben contemplar los cambios que experimentarán sus ocupantes a lo largo de los viajes.
Aunque en menor medida, cada noche nos sucede lo mismo cuando nos estiramos en la cama para dormir. Dado que estamos en posición horizontal, la gravedad no presiona nuestra columna hacia abajo, de manera que si justo después de despertarnos, mientras seguimos tumbados, cogemos un metro y nos medimos, comprobaremos cómo hemos «crecido» entre unos y dos centímetros.
En las horas nocturnas, una vez el Sol se ha ocultado ya en el horizonte y recurrimos a la luz artificial para iluminar nuestras vidas, es cuando la presencia humana se hace más presente a ojos de los astronautas que orbitan la Tierra a bordo de la Estación Espacial Internacional.
Ejemplo de ello son estos vídeos que ha confeccionado SpaceRip a partir de las imágenes facilitadas por el Image Science and Analysis Laboratory adscrito al Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA. En los mismos se puede observar la espectacularidad que adquieren de noche grandes centros urbanos como Ciudad de México Distrito Federal, Nueva York, Londres, Madrid, San Francisco, Nueva Delhi, Buenos Aires, Melbourne, Los Ángeles, Estambul, Pequín, Las Vegas o Río de Janeiro desde el espacio.
Vía | Twitter de Adrián Raya.
Desde hace unas horas los usuarios de Windows 7 tienen (tenemos) la opción de descargar una pre-release de Internet Explorer 10. Se cumplen así las previsiones realizadas por la propia Microsoft, que el mes pasado anunció que para mediados de noviembre tendría lista una primera versión de evaluación de su nuevo navegador, que viene de serie con los nuevos y flamantes Windows 8 y Windows RT.
Lo que en cambio sigue siendo un misterio es la fecha en la que se lanzará la versión final de IE10. Y parece que la incertidumbre va para largo, puesto que la compañía estadounidense no ha querido siquiera fijar un plazo aproximado que nos permita hacernos una idea de cuándo estará finalmente disponible el sucesor de Internet Explorer 9.
A modo de prueba, llevo un rato jugando con él y por el momento no me he llevado ningún susto en forma de cuelgue, mensaje de error imprevisto o problemas para renderizar página alguna, pero eso no debe hacernos olvidar que estamos ante una versión en estado de desarrollo con todo lo que ello conlleva.
Aunque cada vez hay más información y casi diariamente salen noticias sobre los nuevos dominios que se pondrán en marcha en la red a partir del 2013, todavía hay muchos que desconocen qué significa esto y no saben lo que concretamente se busca y se trata de lograr con ellos. Para empezar hay que decir que la Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN) dio a conocer, el pasado mes de junio, la lista de los casi 2.000 nuevos dominios que se habían solicitado.
Para los que estén poco duchos en este tema, de manera somera se puede decir que los habituales .com, .es o .net ya no estarán solos en la red. Las empresas que quieran identificarse en internet, o las páginas que pretendan dejar muy claro cuál es su contenido cambiarán de extensión. Así, a partir del próximo año podremos ver direcciones web como, por ejemplo, ayuntamiento.bcn, yogures.danone u ordenadoresabuenprecio.ibm.
Hasta el momento son multitud las empresas y organismos que han solicitado un dominio propio y ahora solo habrá que esperar a que la ICANN decida cuáles son los que finalmente se conceden. En el caso de que haya varias solicitudes por el mismo dominio, se acudirá a una subasta. Esto ocurrirá, entre otros, con el dominio .app que ha sido reclamado hasta por 13 entidades.
El objetivo de las empresas que quieren tener su propio dominio es, además de, por supuesto, dar más fuerza e impulso a su marca en la red, también evitar, en la medida que se pueda, los posibles usos fraudulentos.
Pero que nadie piense que esto va a ser gratuito: hasta 145.000 euros puede costar a los interesados adquirir un nuevo dominio, siempre y cuando, obviamente, no tenga que elegirse el nuevo propietario recurriendo a subasta.
También se busca con esta iniciativa aclarar de manera meridiana el contenido de las páginas. De ahí que otros de los dominios solicitados hayan sido .xxx, para las páginas de contenido sexual, o .poker, .casino y demás variantes, para las, cada vez más abundantes, webs de apuestas y casinos.
El 1 de octubre entraron en vigor en Japón unos cambios legislativos que castigan con extrema severidad las descargas de contenidos sujetos a derechos de autor como música, películas o series de televisión y que pueden suponer para los infractores penas de hasta dos años de prisión.
La reforma legal ha tenido como mayor valedora a la industria discográfica nipona, la segunda mayor del mundo por volumen de ventas, que durante años se ha venido quejando de que la piratería mermaba las ventas de sus artistas, inflingía pérdidas millonarias a sus cuentas de resultados y costaba puestos de trabajo en un sector que mueve miles de millones al año.
Si ahora mismo tienes la sensación de haber leído estos argumentos con anterioridad es debido a que la práctica totalidad de las entidades gestoras de los derechos de autor y sellos musicales del mundo mundial parecen hacer uso del mismo manual de razonamientos/excusas/pretextos para atacar a los internautas y defender su modelo de negocio.
El caso es que, según las disqueras, una vez los habituales de los programas P2P vieran que podían pasarse una temporada en la cárcel por bajarse canciones abandonarían esa perversa e insana costumbre y, por algún misterio insondable que sólo ellas conocían, empezarían a comprar esa misma música en comercios o tiendas online.
El problema es que, a la vista de los datos, sus profecías no se están cumpliendo. De hecho, está sucediendo lo contrario, puesto que según una encuesta realizada por Livedoor News en Japón la venta de música está bajando a un ritmo acelerado y, lo que es peor, los consumidores muestran menos interés que nunca en los nuevos discos que salen al mercado.
De acuerdo al estudio llevado a cabo por esta empresa, el 68% de los encuestados confiesa no haber gastado ni un sólo yen en música a lo largo del último mes, el porcentaje más elevado que se ha dado en el país asiático en relación a este capítulo en casi 10 años.
A la vista de estos resultados, será interesante comprobar cuál es la reacción de las discográficas japonesas. ¿Bajarán los precios de los discos? ¿Sacarán mejores canciones? ¿Promocionarán a grupos menos comerciales? ¿Apostarán por la distribución digital de su extensísimo catálogo y no confiarán su suerte casi en exclusiva, como hasta ahora, al formato CD? ¿O por contra continuarán como siempre y optarán simplemente por culpar a la pérfida Internet de sus males presentes y futuros?
He de confesar que como futurólogo no valgo un céntimo, pero repasando las reacciones que históricamente han tenido este tipo de empresas en lo que llevamos de siglo XXI, si tuviera que apostar por una opción me decantaría por esta última 
Cuando hace 21 años Cory McLeod vino al mundo, su padre se propuso un reto de tal envergadura que a cualquier otra persona que no fuera él mismo le habría parecido casi imposible de llevar a cabo: realizar cada día una fotografía a su hijo para dejar constancia de su lento pero inexorable proceso de crecimiento.
La casualidad ha querido que esta fotografía haya captado el momento preciso en el que el agua y el jabón que se escurren por el desagüe de este fregadero hayan adoptado una forma sorprendentemente parecida a la de un ojo humano. Como se suele decir en estos casos, estamos ante una fotografía entre un millón.
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