A unos 1900 años luz de distancia, en la constelación de Sagitario, se encuentra la nebulosa de la Araña Roja. Situada en las proximidades del núcleo de la Vía Láctea, está compuesta por dos lóbulos simétricos que se han formado por la atracción gravitatoria entre una enana blanca que se halla en el centro de la estructura y una segunda estrella invisible a nuestros ojos.
La enana blanca es precisamente el remanente del astro que originó esta nebulosa. Se estima que tenía un tamaño similar al del Sol y que, una vez agotó su combustible, comenzó a expulsar sus capas exteriores, compuestas mayoritariamente por hidrógeno y helio.
Desde entonces, los vientos estelares que genera han ido dispersando las nubes de gas a velocidades que superan los 300 kilómetros por segundo y, con el paso del tiempo, han generado ondas de más de 100.000 millones de kilómetros de longitud.
La nebulosa de la Araña Roja fue descubierta el 15 de julio de 1882 por el astrónomo y físico estadounidense Edward Charles Pickering. A lo largo de los años, ha sido retratada en numerosas ocasiones, pero nunca hasta ahora habíamos obtenido una imagen tan nítida como la que nos ha proporcionado el telescopio espacial James Webb.
Gracias a la cámara de infrarrojo cercano que equipa (NIRCam), ha desvelado detalles que hasta la fecha habían pasado desapercibidos a nuestros ojos. Y es que, por vez primera, podemos observar la extensión completa de los lóbulos de la nebulosa, que adoptan estructuras similares a las patas de una araña y que se extienden distancias gigantescas que superan, en algunos casos, los 3 años luz.




