En decenas de ocasiones he traído a la portada de Abadía robots y máquinas de todo tipo dotados de diseños, características técnicas, presupuestos y prestaciones muy diferentes que, eso sí, tienen una característica en común: su más que dudosa utilidad práctica. ¿Ejemplos? Un montón
- La máquina más inútil jamás inventada
- Un mono de peluche que monitoriza Twitter
- HRP-4C, la Lady Gaga cibernética
- Un brazo robótico aprende a voltear unas crepes
- Un robot construido con kits de Lego resuelve un cubo de Rúbik en menos de 12 segundos
- Manoi Go, el robot que baila breakdance
- Hajime 33, el robot futbolista
Podría estarme hasta mañana recopilando artículos de ese estilo, pero no os preocupéis, que no lo voy a hacer. Al contrario, hoy os voy a mostrar, para variar, una máquina extremadamente útil. En serio. Ha sido diseñada por un estudiante de mecatrónica de la Universidad de Ottawa, y destaca sobremanera porque tira unas cañas de primera:
¿Que por qué ha diseñado una máquina como ésta? Pues ni idea, pero espero que el profe le haya puesto un 10 
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