Nintendo es a los videojuegos lo que Apple a la informática y la electrónica de consumo. Más allá de que las cosas les vayan mejor o peor, ambas son compañías veneradas por millones de entusiastas que rinden culto a unas marcas en las que confían ciegamente y a las que acuden en cuanto lanzan sus nuevos productos.
Aunque a día de hoy disfrutan de momentos de gloria en los que parece que nada puede salirles mal, conviene recordar que no hace tanto sus cuentas de resultados arrojaban números rojos con palmaria regularidad y las grandes masas, esas que les están reportando pingües beneficios ahora, preferían los catálogos de Sony y Microsoft. Pero ni en las peores épocas sus legiones de fans, inmunes a las críticas y análisis que se hacían desde los medios especializados, dejaron de comprar sus consolas y ordenadores.
Y es que el nivel de frikismo en torno a estas marcas no tiene parangón en el campo de las nuevas tecnologías. Sirva como ejemplo el «megamando» tamaño XXL que ha fabricado un ser humano de nacionalidad canadiense a imagen y semejanza del controlador clásico de la NES:
Lo que más llama la atención del invento no es sólo su tamaño, sino que dentro del mismo haya metido una NES original y se las haya ingeniado para que los gigantescos botones se puedan utilizar para echar unas partidas a los videojuegos de esta consola.
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