SportTech y Gilbert crearon un balón inteligente que podría revolucionar el rugby

En los últimos años, el mundo del deporte ha recurrido a la tecnología para estructurar competencias con la menor cantidad de errores y/o para potenciar el rendimiento de los jugadores de las distintas disciplinas. En el fútbol, los árbitros emplean relojes inteligentes con sensores que vibran cuando el balón cruza la línea del arco.

En el tenis y en deportes similares, el famoso Ojo de Halcón​ es un sistema informático usado para rastrear la trayectoria de la bola; este mecanismo reproduce una imagen de la trayectoria de la bola que puede ser consultada por los árbitros para resolver jugadas confusas. Un sistema semejante se encuentra en algunas ligas de baloncesto.

La tecnología también busca aportar positivamente al rugby. Para ello, las empresas  SportTech y Gilbert han creado el Smart Rugby Ball, un balón de entrenamiento fuera de lo tradicional. “Es común que los balones de entrenamiento cuenten con pliegues de polialgodón y caucho, además de válvulas en las costuras para dar mejores patadas. Suelen recomendarse los balones con peso ligero de 410 gramos en talla 5”, explica Daniel Alba, articulista de FitnessPiratas. Pero el Smart Rugby Ball supera todas estas propiedades para beneplácito de clubes, jugadores y fanáticos.

Una de las primeras funciones a resaltar del Smart Rugby Ball es que este balón puede capturar el movimiento en el campo. También puede distinguir cuando rota de jugador a jugador y calcular la velocidad que alcanza cuando es lanzado. Todas estas particularidades se activan en tiempo real. En los datos que se registraron en el primer partido de prueba, se observó que el balón alcanzó una velocidad de 32.83 kilómetros por hora. Además, quedó registrada la distancia que recorrió el balón durante el certamen de prueba, siendo 28.4 kilómetros exactamente. Como dato adicional, se informó que el pase más largo realizado en el partido trazó los 22.6 metros.

En el partido de prueba, los equipos pudieron emplear la tecnología de seguimiento en 3D, la cual facultó determinar, como una nueva restricción, el límite de altura de la patada en 10 metros sin mayores interrupciones del juego. Se espera que toda esta información recabada con el Smart Rugby Ball sirva para que los distintos equipos puedan perfeccionar el rendimiento de sus planteles, además de detectar múltiples falencias en los mismos.

Se prevé que este tipo de aportes tecnológicos sea bien recibido en países donde el rugby se mantiene en auge, como Nueva Zelanda. También sería el caso de Argentina, que en 2019 registró 70.479 jugadores de rugby de diferentes clubes y uniones, con una proyección de más de 79 mil jugadores para el 2021. Aquello representaría un crecimiento aproximado del 12%. También podrían aprovechar este invento de SportTech y Gilbert los equipos de España, donde desde hace unos tres años se superó la cifra de 82.220 jugadores, según estadísticas del Informe World Rugby.

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