No es habitual que suceda, pero el bebé de la fotografía ha nacido por cesárea conservando el saco amniótico intacto. Este tejido, que se forma entre el octavo y el noveno día de la fecundación, está compuesto por dos membranas y en su interior, además del embrión, se encuentra el líquido amniótico que protege al feto al amortiguar golpes o movimientos súbitos de la madre, le permite moverse, favorece su desarrollo musculoesquelético y le mantiene a una temperatura constante.
Cuando aún no ha transcurrido ni siquiera un mes desde que el Samsung Galaxy S III se pusiera a la venta en Europa y Oriente Próximo, el gigante de Corea del Sur ha confirmado que en las próximas semanas van a superar la barrera de los 10 millones de unidades vendidas. Una cifra espectacular que con toda seguridad va a continuar creciendo habida cuenta de que hace unos días este smartphone desembarcó en Estados Unidos, el mercado más importante con diferencia, de la mano de los operadores de telefonía AT&T y Sprint.
Pese a ello, Samsung ha confirmado está teniendo dificultades para mantener el ritmo de fabricación que demanda el mercado debido a la escasez de algunos componentes, una circunstancia que según algunos analistas podría ralentizar las ventas y propiciar que temporalmente fueran inferiores a las esperadas.
Sea como fuere, para finales de julio está previsto que el Samsung Galaxy S III se pueda conseguir en 147 países a través de 300 compañías de telecomunicaciones. Con estos datos encima de la mesa, el objetivo de la multinacional asiática es superar ampliamente los registros alcanzados por los 2 primeros smartphones de la familia Galaxy S.
El primero de ellos, lanzado a mediados del 2010, se convirtió en la punta de lanza no sólo de Samsung sino también de Android tras vender más de 10 millones de unidades y mostrar al mundo que los terminales impulsados por el sistema operativo de Google podían ser tan competitivos como el iPhone.
Su sucesor, el Galaxy S II, ha tenido un recibimiento mejor si cabe, hasta el punto de que en febrero de este mismo año se anunció que había llegado a los 20 millones de terminales vendidos. Una marca que ha seguido engordando y que, con datos de hace sólo unas semanas, se sitúa ya en los 24 millones.
Este puente colgante de tétrico e inestable aspecto se encuentra en Kungur, una ciudad rusa de 68.000 habitantes situada en las orillas del río Sylva, al lado de los montes Urales. Su mal estado de conservación y la presencia de niebla al fondo de la fotografía hace que parezca sacado de una película de miedo 
Vía | The bridge.
Repartidos por la superficie de Corea del Norte hay al menos 6 gigantescos campos de concentración (algunos de más de 500 Km2) en los que el régimen dinástico y genocida liderado ahora por Kim Jong-un, hijo del recientemente fallecido Kim Jong-il y nieto de Kim Il-sung, tiene presas a unas 200.000 personas.

Los pobres desgraciados que acaban encerrados entre sus muros, además de ser obligados a realizar trabajos forzados, sufrir malos tratos, carecer de libertad individual alguna y padecer hambruna crónica, son utilizados como conejillos de indias para experimentar la resistencia humana a dosis letales de agentes químicos y a operaciones quirúrgicas sin anestesia.

Una vez que un preso político es condenado a pasar el resto de su vida en un campo de concentración, las autoridades detienen también a sus familiares (incluidos niños pequeños y ancianos) y los encarcelan en una de estas instalaciones sin que sea necesario que se celebre juicio alguno.

Los pocos afortunados que han conseguido escapar de un campo y vivir para contarlo rememoran historias de terror como las que veis en los dibujos que acompañan este artículo (los textos explicativos son traducciones mías). En ellos aparecen representadas salas en las que se almacenan cuerpos de prisioneros sin vida a los que las ratas les han arrancado los ojos a mordiscos, ejecuciones sumarísimas de mujeres embarazadas por el simple hecho de estarlo, guardias que matan de palizas a presos para «aliviar» el estrés del día a día o perros adiestrados que atacan e incluso se comen a los reclusos que se encuentran más débiles.

Pero a pesar del trato inhumano, represivo y despótico que padecen los habitantes de Corea del Norte, aparentemente estos adoran a sus gobernantes. La explicación se encuentra en el control absoluto de la información que les llega, el adoctrinamiento permanente al que son sometidos desde edades muy tempranas presentando una y mil veces a los miembros de la familia Kim como una especie de dioses en la Tierra y a la imposibilidad de mantener contacto alguno con el exterior.
Para la prueba que se observa en el vídeo se ha utilizado una bolsa de basura llena de restos de comida de unos 30 kilogramos que ha sido lanzada desde una altura de 80 metros. La reacción que se produce en el lago de lava se debe, presumiblemente, a los gases generados por la materia orgánica.
Vía | Menéame.
El “Solitario George”, el último ejemplar que quedaba con vida de la especie de tortuga de la Isla Pinta y uno de los iconos de las Islas Galápagos, ha sido encontrado sin vida hace unas horas en su corral del Centro de Crianza de Tortugas Terrestres Gigantes, en Puerto Ayora, en la Isla Santa Cruz.
Capturado en 1972 por unos cazadores de cabras, científicos ecuatorianos, en colaboración con homólogos de la Universidad de Yale, trataron durante décadas de que tuviera descendencia apareándolo con hembras de otras especies genéticamente cercanas procedentes del volcán Wolf y de la Isla Española, pero sus esfuerzos resultaron infructuosos.
Se estima que el “Solitario George” tenía algo más de 100 años, una edad que las tortugas de su especie se considera que alcanzaban holgadamente, llegando en algunos casos a vivir hasta 2 siglos. Las causas de su fallecimiento se desconocen por el momento, pero la Dirección del Parque Nacional Galápagos ha comunicado que las harán públicas en cuanto efectúen la necropsia preceptiva.
Los avances médicos y de las políticas sanitarias de los últimos 100 años han llevado a que pandemias que a principios del siglo XX podían provocar millones de muertos se hayan convertido a día de hoy en enfermedades bajo control en el primer mundo.
Así lo confirma un informe publicado por el New England Journal of Medicine, en el que se pone de manifiesto que el número de decesos por cada 100.000 habitantes ha descendido drásticamente en el último siglo, pasando de los 1.100 del año 1900 a los 600 de la actualidad. Una reducción de casi el 50%.
Observando detenidamente el gráfico que encabeza este artículo, vemos cómo la neumonía y la gripe eran la primera causa de fallecimiento hace 100 años, seguidas, en este orden, de la tuberculosis, las infecciones gastrointestinales, las enfermedades cardiovasculares, las cerebrovasculares, las nefropatías, los accidentes, el cáncer, la senilidad y la difteria.
En nuestros días, en cambio, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer son, con diferencia, las enfermedades más mortíferas, con una incidencia que incluso ha crecido respecto a un siglo atrás. Tras ellas, mucho más atrás, encontramos a las enfermedades de las vías respiratorias, las cerebrovasculares, los accidentes, el alzheimer, la diabetes, las nefropatías, la neumonía y gripe y, por último, el suicidio.
Los creadores de multitud de series y cómics de ciencia ficción han imaginado durante décadas un futuro en el que el ser humano construía naves espaciales de proporciones gigantescas y tecnología sin igual que se utilizaban para viajar por el universo en busca de otras formas de vida o de nuevos planetas en los que establecerse.
Pero, si miramos al presente, ¿hasta qué punto son comparables las naves espaciales que hemos diseñado y fabricado desde mediados del siglo XX en relación con las que concibieron años atrás estos escritores y visionarios? Esta imagen nos permite hacernos una idea muy aproximada:
Como podéis ver, en la misma se compara el tamaño de la nave Enterprise de Star Trek con el de algunos de los vehículos espaciales, estos sí reales, que el hombre ha creado a lo largo de los últimos años tales como la Estación Espacial Internacional, el transbordador espacial, la Soyuz soviética, la Tiangong-1 china o el hoy ya mítico módulo Apolo con el que Estados Unidos alcanzó la Luna en 1969.
Ni que decir tiene que la Enterprise es mucho más grande que cualquier nave que el ser humano haya enviado efectivamente al espacio. Es posible que si esta comparativa se vuelve a hacer en 100 años las cosas sean distintas. Lo malo es que difícilmente seguiremos por aquí para comprobarlo 