En el Museo Nacional de los Indios Americanos de Suitland se guarda con mimo un tesoro poco conocido pero de una importancia histórica monumental: un teléfono rudimentario fabricado a base de cordeles y piezas de calabaza que data de hace entre 1.200 y 1.400 años.
El dispositivo, el más antiguo de su clase que se conserva en el continente americano, se cree que fue creado por los chimú, una cultura preincaica que se asentó en la costa central y norte de los Andes centrales, en una región que actualmente forma parte de Perú.
Esta sociedad indígena perdida para siempre no poseía lenguaje escrito, de manera que, más allá del teléfono en sí mismo, no se posee información alguna acerca de las motivaciones que llevaron a su desarrollo ni el uso real que se le dio.
El artefacto está compuesto por 2 receptores de calabaza de 9 centímetros de longitud recubiertos con resina que se hallan interconectados por la base mediante unos cordeles de algodón que alcanzan los 22 metros de longitud cuando se estiran al máximo.
Si el velo que cubre su origen resulta misterioso, no lo es menos el proceso que condujo a su hallazgo en los años ’30 o ’40 del siglo XX. Se cree que las excavaciones fueron financiadas por el barón Walram V. Von Schoeler, un millonario aventurero de la antigua Prusia, aunque no existe constancia exacta de la fecha en que se halló ni de quién lo descubrió.
Lo único que se sabe con certeza es que acabó en las manos de este aristócrata y que años más tarde el prestigioso Instituto Smithsoniano se hizo con su propiedad y ahora lo guarda en el referido museo sito en la ciudad estadounidense de Maryland.
Cuando el 24 de julio de 1969 Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins volvieron a la Tierra después de completar con éxito la histórica misión que llevó al ser humano a pisar la Luna por vez primera, se produjo una situación ciertamente peculiar, y hasta diría que kafkiana, cuando los astronautas tuvieron que estampar su firma sobre la declaración de aduanas que les solicitó la Oficina de Protección Fronteriza de los Estados Unidos como si fueran turistas al uso que regresasen de un viaje a un país exótico.
El histórico documento, como no podía ser de otra manera, es un compendio de rarezas y curiosidades, a cual más llamativa que la anterior. Así por ejemplo, en el punto que solicita información acerca del lugar de procedencia, se indicó, claro está, que venían… de la Luna.
Por lo que respecta a los bienes a declarar, la NASA dejó constancia que el pasaje había regresado de su formidable aventura con muestras de rocas y polvo lunares. Y en el apartado destinado a informar acerca de la existencia de cualquier problema a bordo que pudiese conducir a la propagación de enfermedades, la agencia espacial estadounidense no tuvo más remedio que indicar que este detalle estaba aún por determinar.
Una respuesta enigmática pero a la vez coherente puesto que, tras aterrizar, los astronautas fueron recluidos durante 3 semanas en cuarentena por temor a que hubiesen traído de la Luna patógenos desconocidos que pudiesen ser potencialmente peligrosos para la vida en la Tierra.
Cuando hace poco más de 2 años Samsung lanzó el Galaxy Note original, mucha gente pensó que este terminal que combinaba las características de un smartphone y un tablet en un cuerpo mucho mayor de lo habitual fracasaría con estrépito. Con la perspectiva que nos otorga el tiempo, sobra decir que ni por asomo fue así.
Del modelo original se vendieron más de 10 millones de unidades, una cifra que su sucesor, el Samsung Galaxy Note 2, superó con holgura hasta el punto de que, con datos del 25 de septiembre de este mismo año, se han comercializado más de 30 millones de dispositivos.
Unos números espectaculares que, de continuar por el camino que lleva hasta ahora, van a ser mejorados ampliamente por el último modelo de la familia, el Samsung Galaxy Note 3, que en los apenas 2 meses que han transcurrido desde que fuera lanzado ya ha llegado a la mágica cifra de los 10 millones de unidades vendidas.
Hasta la fecha, se está vendiendo el doble de rápido que el Note 2 y casi tan bien como el Samsung Galaxy S4, el smartphone estrella del fabricante surcoreano, que sólo necesitó de 50 días para alcanzar la barrera de los 10 millones. Un registro ciertamente espectacular para un terminal como el Note 3 que tiene unas dimensiones y un peso que superan ampliamente a los de los móviles tradicionales.
Los hábitos de consumo de Internet están cambiando a pasos agigantados. Si hace unos años la práctica totalidad del tráfico online procedía de los ordenadores de sobremesa y los portátiles, la popularización de los smartphones y tablets está consiguiendo que en la actualidad cada vez sean más las personas que utilizan estos últimos dispositivos para navegar y acceder a sus webs favoritas.
De hecho, según las mediciones realizadas por StatCounter, durante este último mes el 20% del tráfico mundial en Internet se ha generado, precisamente, desde este tipo de terminales móviles. En lo que llevamos del 2013, dicho porcentaje ha experimentado un crecimiento del 53%, lo que da buena muestra de la evolución que se está produciendo.
Si tenemos en cuenta además que las ventas de ordenadores tradicionales van de mal en peor y, en contrapartida, las de smartphones y tablets no hacen sino crecer a toda velocidad, es evidente que esta tendencia se va a acentuar aún más si cabe en los próximos años.
Presta atención a la siguiente imagen:
En apariencia no hay nada extraño en ella, ¿no es así? Simplemente es una especie de caja con una bisagra en medio que separa la parte superior, de color gris oscuro, de la inferior, que es un poquito más clara. ¿O puede que no?
Ahora viene la parte buena: coloca tu dedo en posición horizontal cerca de la pantalla de manera que cubra la bisagra.
¡Ohhhh! Ahora ambas caras son de la misma tonalidad: gris oscura. El juego de contrastes entre el fondo de la imagen, la bisagra, las caras del cubo y la sombra proyectada sobre el suelo crean este efecto óptico tan sorprendente 
Vía | Freaky optical illusion.
Si lees en un artículo o escuchas en un documental que el Sol tiene un diámetro de 1.392.000 kilómetros, Mercurio de 4.879 kilómetros, Venus de 12.104 kilómetros, la Tierra de 12.742 kiómetros y Marte de 6.794 kilómetros, es muy posible que no seas realmente consciente de la enormidad de los datos que te están presentando.
Lo mismo puede que te pase si alguien te indica que la distancia de Mercurio al Sol varía, en función de la órbita excéntrica que sigue este planeta, entre los 46 millones y los 70 millones de kilómetros, o que la que separa a la Tierra de Marte es, durante las oposiciones más favorables, de 56 millones de kilómetros.
Por ello creo que el siguiente esquema es de una gran utilidad para que cualquiera, esté o no interesado en estos temas, pueda comprender, de un sólo vistazo, la colosal magnitud del Sistema Solar. Debido precisamente a lo gigantescas de las distancias, en la imagen aparece representado «únicamente» el Sistema Solar Interior. Es decir, la región que engloba al Sol y a los planetas interiores (Mercurio, Venus, la Tierra y Marte):

Quiero dejar constancia antes de acabar que la imagen que tienes sobre estas líneas es una versión que he ampliado y traducido al español a partir de esta otra que he encontrado en un envío publicado en Reddit.
En la prefectura japonesa de Miyagi, frente a la Península de Oshika, se halla una pequeña isla llamada Tashirojima. Un pedacito de tierra en medio de la inmensidad del Océano Pacífico que permanecería en el más absoluto de los olvidos para la opinión pública occidental de no ser por un hecho tan inusual como llamativo: está habitada por más gatos que personas.

Y es que Tashirojima es un paraíso para los gatos callejeros. Ello es debido a que desde hace décadas existe la creencia entre sus habitantes de que los mininos son portadores de la salud y la buena fortuna, de manera que no sólo los alimentan, sino que además velan por su comodidad y, por ejemplo, vigilan que ningún turista o pescador que se aproxime a sus costas traiga un perro consigo.

El culto a los gatos ha llegado hasta tal punto que las apenas 100 personas que residen de manera permanente en la isla han construido un santuario destinado a honrar a estos animales cuya fachada tiene un diseño que recuerda, cómo no, la figura de un gato.

El futuro de los pobladores gatunos de Tashirojima parece asegurado, pero no así el de los humanos, puesto que según las estimaciones del gobierno japonés, el 83% de sus habitantes supera los 65 años y sólo uno tiene menos de 45. Una realidad que ha llevado a las autoridades a designarla como Genkai shūraku, o isla que se encuentra en peligro terminal de perder en unos años la totalidad de su población y acabar deshabitada.

En su camino hacia Plutón primero (donde debería llegar en julio del 2015) y el Cinturón de Kuiper después, la sonda espacial New Horizons se aproximó a Júpiter en febrero del 2007 con el objeto de aprovechar su asistencia gravitatoria para incrementar su velocidad. Durante los cuatro meses siguientes estuvo recopilando datos del planeta y nos regaló imágenes magníficas como ésta, en la que se observa desde 3 millones de kilómetros de distancia la figura del satélite Europa apareciendo por detrás de la colosal figura del gigante al que orbita.