Laura y Miguel amanecen al mundo un poco después de las seis y media de la mañana. A esa hora ni siquiera son ellos, tan sólo dos muñecos que se les parecen, dos pequeños zombis sumidos todavía en sueños infantiles. Papá y mamá los sacan dormidos de la cama y dormidos los visten, los abrigan y los acomodan en el coche. Los despiertan diez kilómetros más tarde con besos y arrumacos, única manera de despegar de sus silletas. Son las siete y media. La encargada de la guardería del colegio se los lleva arrastrando a desayunar con el resto de la chiquillada más madrugadora.
La historia completa la tenéis en Mangas Verdes.
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