Netflix, el servicio de vídeo por streaming que permite a sus abonados visionar tantas películas como deseen, ya sea en el ordenador o directamente en el televisor del salón, por sólo 7,99 dólares mensuales, está arrasando en Estados Unidos y Canadá.
Cuenta ya con más de 14 millones de suscriptores, una cifra ésta que no para de aumentar mes tras mes, y se ha convertido en una de las empresas que mayor partido ha sabido sacarle a la Red.
Hasta tal punto ha llegado su éxito que actualmente se estima que el 22,2% del tráfico en América del Norte es generado por Netflix, un porcentaje que en determinados momentos del día llega a superar la barrera del 30%.
En comparación, las descargas de BitTorrent suponen el 21,6% del total, es decir, un 0,6% menos que el de la empresa californiana. O lo que es lo mismo: por primera vez desde que existe Internet, el servicio que genera el mayor porcentaje de tráfico en Norteamérica es de pago.
Estamos ante un momento histórico, puesto que lo que no han conseguido en los últimos 10 años las entidades gestoras de los derechos de autor, discográficas y estudios de cine mediante las repetidas campañas de criminalización de los internautas y las decenas de miles de demandas que han presentado contra ellos, lo está logrando esta compañía californiana con una estrategia absolutamente contrapuesta: ofrecer a la gente un sistema sencillo de acceder a centenares de miles de películas de todos los géneros y de todas las épocas a un precio justo.
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