El 3 de abril del 2007, Alstom y SNCF, la compañía de ferrocarriles nacional francesa, pusieron en circulación una versión modificada del Train à Grande Vitesse (TGV) con el que pulverizaron el récord de velocidad jamás alcanzado por un Tren de Alta Velocidad europeo.
A las 13:13 horas de ese día, y a la altura del punto kilométrico 191 de la línea París-Estrasburgo, el prototipo V150 alcanzó los 574,8 Km/h, un hito que fue transmitido en directo por la televisión pública gala y convenientemente publicitado para que allende los mares propios y extraños supieran de la marca lograda.
Hace ya más de 6 meses de esta prueba, pero las imágenes del tren rodando a casi 600 Km/h siguen poniendo los pelos de punta:
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