Con la fiebre que existe actualmente por los dispositivos táctiles, estaba cantado que antes o después esta tecnología iba a desembarcar en los cubos de Rubik. Ese día ha llegado. Y es que, a diferencia de los modelos tradicionales, la versión que os traigo hoy detecta las pulsaciones que se efectúan sobre su superficie y rota los cuadrados de colores en el orden en que se le indica.
Dispone de una memoria interna que memoriza el punto en el que se encuentra el jugador cuando se acaba la batería para que éste pueda continuar la partida una vez la haya recargado. Un periodo que, por otra parte, es excesivo: para jugar 1 hora es preciso dejarla recargando durante 8 horas.
Como el ávido comprador de este ingenio no sea muy espabilado resolviendo el cubo, imaginaros la de horas que se verá obligado a dejarlo conectado a la corriente. Eso sí, siempre puede recurrir a una función integrada en el aparato y destinada a momentos de desesperación extrema que soluciona el puzzle de manera inmediata 🙂
Respecto al precio, no es precisamente barato. Hammacher Schlemmer, la empresa que lo comercializa, pide 150 dólares por este cubo de Rubik táctil. Qué queréis que os diga, yo me sigo quedando con el modelo clásico 🙂
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