¿A quién no le gustaría subirse sobre un aerodeslizador como éste?

Los aerodeslizadores futuristas que tantas veces hemos visto reproducidos en películas, series, cómics y libros siguen siendo hoy en día, qué duda cabe, pura ciencia ficción. Desde hace medio siglo hay grandes vehículos de este tipo que surcan ríos y mares de todo el globo llevando a bordo pasajeros o material militar, pero no ha sido hasta hace relativamente poco tiempo que han comenzado a proliferar los modelos de carácter lúdico concebidos para ser conducidos y disfrutados por una única persona.

Uno de esos artefactos es el Airboard. Diseñado por Kevin Inkster, fue utilizado en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Sidney y años después se ha convertido en el primer aerodeslizador de uso individual en comercializarse. Su base tiene un diámetro de 1,6 metros, se sustenta unos 20 cm sobre el nivel del suelo, puede alcanzar una velocidad máxima de 25 Km/h y funciona ininterrumpidamente un máximo de 1,5 horas si se carga hasta los topes el depósito de gasolina.

Para girar, el conductor -¿o lo llamamos piloto?- tan sólo debe inclinar su cuerpo hacia la dirección a la que se quiere dirigir. En otro orden de cosas, conviene señalar que puede desplazarse sobre superficies lisas de hormigón, asfalto o césped, pero no sobre el agua, arena o terrenos pedregosos. El bicho parece bastante divertido de conducir… para quien esté dispuesto a pagar 14.000 dólares, que es lo que cuesta el Airboard. Lástima de precio sonrisa

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