En un descampado a las afueras de Noyabrsk, una ciudad rusa situada en plena Siberia cuya principal fuente de riqueza proviene de las extracciones petrolíferas que realiza la compañía estatal Gazprom, se levanta una extraña figura de considerables proporciones e inquietante aspecto que no deja a nadie indiferente: un mosquito de metal tan grande como un ser humano adulto.

Realizado por el artista Valery Chaliy, ha sido construido con chatarra procedente de viejos coches y camiones que tiempo atrás dejaron de ser útiles a sus antiguos propietarios.

La inspiración para tan llamativa obra surgió, según comenta el propio Chaliy, de observar los mosquitos que se reúnen en masa en las ciénagas de la zona cuando las condiciones climáticas así lo permiten.
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