Tras 1.300 kilómetros de andadura, las límpidas aguas del río Iguazú confluyen con las más oscuras y rojizas del Paraná en un accidente fluvial que la intervención del hombre ha convertido en algo más. En mucho más: el punto exacto que separa tres países. A saber: Argentina, Brasil y Paraguay.

En cada una de las tres fronteras existe un obelisco conmemorativo pintado con los colores de las banderas de cada país. El lugar se ha convertido en un destino turístico tanto por este hecho insólito como porque a sólo 13,8 kilómetros en línea recta se encuentran las Cataratas del Iguazú, consideradas como una de las siete maravillas naturales del mundo.
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