En los tiempos que corren, tirar abajo una torre de 84 metros de altura debería ser pan comido en un país con Estados Unidos habituado a las demoliciones controladas de edificios y estadios deportivos de grandes proporciones. Eso, claro está, si el equipo a cargo del trabajo hace gala de un mínimo de profesionalidad, circunstancia que visto lo visto no se ha dado durante el derribo de esta estructura en la ciudad de Springfield (Ohio), que en lugar de caer hacia el noreste, tal y como estaba previsto, lo ha hecho hacia el sur y se ha llevado por delante un tendido eléctrico, provocando un susto considerable entre los asistentes al acto:
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