Con unos cuantos bloques de LEGO, un rotulador, 4 pequeños motores, mucho esfuerzo, una pizca de imaginación y ciertas dosis de frikismo, un señor ha montado una de las impresoras más molonas que he tenido la oportunidad de contemplar. El coste de la tinta, tan absurdamente elevado en sus homónimas de producción, es muy contenido, permite imprimir en el color que se desee y, aunque admito que todo es cuestión de gustos, en mi opinión es imbatible a nivel de diseño. Eso sí, la velocidad de impresión no parece su punto fuerte
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