La semana pasada, el gobierno presentó en el Congreso el
proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el 2010, en el que
se observa una disminución del
3,1% de la partida destinada a I+D+i y un recorte del
15% de los fondos que debían ir a parar a los organismos públicos de investigación (OPI), entre los que se encuentran centros emblemáticos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), el Instituto Español de Oceanografía (IEO), el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) o el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
La situación es inquietante. Estamos cansados de ver cómo políticos de todos los pelajes y condiciones, ya sea en el transcurso de las campañas electorales, en los debates parlamentarios o en actos de partido, dedican frases grandilocuentes a hablar y no parar sobre la necesidad de impulsar un cambio productivo, a dejar de lado el ladrillo y a apostar en firme por la ciencia, la tecnología y la investigación.
Pero cuando llega la hora de demostrar con hechos que realmente se creen lo que dicen, que verdaderamente tienen la intención de cambiar de modelo, una y mil veces nos llevamos el chasco. Son especialistas en recitar de carrerilla los ampulosos discursos que les preparan sus asesores aun cuando no los entienden. Ni falta que les hace.
No es necesario ser un doctor en ciencias económicas para darse cuenta de que fundamentar una economía en el tocho es
un mal negocio. Si, como algún que otro político
afirmaba no hace tanto, se quiere
superar en renta per cápita a Alemania, es fundamental ser al menos igual de buenos que ellos; igual o más productivos; igual o más innovadores.
No tengo ni idea de economía, pero me da a mí que al paso que vamos tardaremos siglos en siquiera acercarnos a ellos. Y si a las primeras de cambio optamos por reducir el presupuesto destinado a campos básicos como la ciencia y la investigación, puede que no sean siglos
sino milenios.
Comentarios
Escrito el Oct 07, 2009 - #
"al paso que vamos tardaremos siglos en siquiera acercarnos a ellos...puede que no sean siglos sino milenios." Es que ellos no están parados.
Muy buena entrada.
Escrito el Oct 07, 2009 - #
Francisco Peña Fombuena
Escrito el Oct 07, 2009 - #
La cosa tiene más bemoles de lo que parece. En este santo país nunca se ha prestado atención a la investigación y si alguien ha logrado hacer algo ha sido a pesar de la administración.
Se olvidadn de que la investigación no produce resultados aquí y ahora, es un trabajo de largo recorrido, años. Y no se tiene en cuenta que lo sensato a corto plazo es impulsar la aplicación de técnicas que ya existe y que pueden generar puestos de trabajo de calidad y estables.
Lo cierto es que el asunto da para muchas páginas, demasiadas.
Nacho
Escrito el Oct 07, 2009 - #
Creo que el problema es más profundo de lo que parece. No sólo se circunscribe en el ámbito político, sino también en el educativo.
Para que el "votante de a pie" pueda castigar a los políticos, debe recibir una buena educación científica desde la infancia para percibir como grandes errores este tipo de medidas. Es vital por tanto no recortar tampoco el presupuesto para educación (como se está haciendo, a veces de puertas adentro, en algunas comunidades).
Además, sería buenísimo que esa educación trascendiera las paredes del colegio, instituto o universidad e irrumpiera en la vida cotidiana. No sólo de "Redes" en la 2 vive el hombre. El ciudadano debe comprender el papel crucial que desempeña la ciencia en el desarrollo económico hoy en día y la debe percibir como algo imprescindible.
Escrito el Oct 07, 2009 - #
Parece mentira que no lo entendáis, es que los gobiernos de este país lo que quieren hacer de España, es un país de Ciencia-Ficción, y a este paso seguro que lo consiguen en unas décadas, seremos un país donde la ciencia será una gran ficción...