En febrero del 2005, la RIAA demandó a una madre soltera y discapacitada llamada Tanya Andersen por compartir música mediante el programa P2P KaZaA, muy popular por aquellos días. ¿Un caso más? No exactamente: la inculpada, lejos de amilanarse, no sólo negó los cargos que se le imputaban sino que además contraatacó y acusó a la industria discográfica por extorsión, fraude y prácticas comerciales engañosas.
Tras dos años de batalla judicial en los que la RIAA fue incapaz de probar que Andersen hubiera compartido canciones con otros internautas, la organización que agrupa a los sellos musicales estadounidenses arrojó la toalla en junio del 2007 y aceptó pagar las costas del juicio.
Sabiéndose ya victoriosa, Andersen solicitó una compensación económica de 300.000 dólares en concepto de gastos judiciales y por los honorarios de su abogado. La RIAA, ni que decir tiene, consideró desproporcionada esta cantidad y solicitó pagar una cifra no superior a los 30.000 dólares.
Esta semana, finalmente, se ha conocido la decisión judicial: la RIAA deberá abonar 107.834 dólares a Tanya Andersen, la mayor suma a la que haya tenido que hacer frente nunca esta asociación. Espero, sinceramente, que sea el primero de muchos otros casos.
Cómo el parlante JBL transforma la forma de escuchar música
Slay the Spire 2 se convierte en uno de los juegos más populares de la historia de Steam
La nebulosa de emisión y superburbuja N44
Cuál es el mejor Nintendo Switch para tu estilo de juego